Fototerapia LED: la ciencia detrás de la luz que rejuvenece
La fototerapia LED suena a tendencia de Instagram, pero es una de las tecnologías con más evidencia científica acumulada en dermatología. Su origen no está en la cosmética, sino en la NASA: investigando cómo cultivar plantas en el espacio, descubrieron que ciertas longitudes de onda aceleraban la cicatrización de heridas en los astronautas.
El mecanismo se llama fotobiomodulación. Las mitocondrias — las centrales energéticas de tus células — contienen un cromóforo llamado citocromo c oxidasa que absorbe fotones de luz roja (660 nm) e infrarroja (850 nm). Al absorberlos, la mitocondria produce más ATP, la molécula de energía celular. Una célula con más energía sintetiza más colágeno, se repara más rápido y gestiona mejor la inflamación.
La luz roja actúa en las capas superficiales: estimula fibroblastos, mejora la textura y aporta luminosidad. La infrarroja penetra hasta la dermis profunda, donde actúa sobre la microcirculación y los procesos regenerativos. La combinación de ambas, en sesiones de 30 a 60 minutos con dispositivos médicos de clase II, produce resultados acumulativos sin dolor, sin agujas y sin tiempo de recuperación.
En QUEVI integramos la fototerapia LED dentro del pilar BOOST y como fase de sellado en varios de nuestros Rituales de Firma. También la usamos como potenciador post-tratamiento: después de un microneedling o un peeling, la luz acelera la recuperación y multiplica los resultados.
¿Es para ti? Si buscas mejorar calidad de piel general, calmar inflamación o potenciar otros tratamientos, probablemente sí. La frecuencia ideal — entre 1 sesión semanal y 1 mensual — la define el médico tras el diagnóstico BIO-SCAN.
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